Un capitalismo financiarizado como “nuevo tablero de juego”

by

Desde la década de los años setenta vienen produciéndose algunas grandes transformaciones que muestran un nuevo escenario global. La crisis iniciada en 2008 ha supuesto la intensificación de algunos de estos procesos y la toma de conciencia de que estamos ante una realidad multidimensional.

Una primera gran transformación, quizá la más relevante, es la mutación que el capitalismo ha sufrido en las últimas décadas: del capitalismo industrial (de fábrica), sustentado sobre una economía real, se ha transitado a un capitalismo en el que la economía se ha financiarizado de manera exponencial, hasta el punto de que una parte importante del volumen de la economía total son finanzas y juego especulativo.

Este hecho se debe a dos procesos relacionados. Por un lado, y siguiendo a Manuel Castells, el capitalismo informacional global y su estructura, la sociedad red, han generado una sociedad red global caracterizada por una mayor interconexión de todas las actividades humanas, siendo la globalización financiera una de las dimensiones más importantes, hasta el punto de que cualquier pequeño problema en una realidad local concreta acaba afectando en cuestión de segundos a la economía de un país al otro lado del planeta, tal y como la crisis de Lehman Brothers puso de manifiesto.

Por otro lado, y en la línea de lo que economistas como Joseph Stiglitz, Paul Krugman o Thomas Piketty han subrayado en los últimos años, este capitalismo global se ha caracterizado desde los años setenta por un proceso de desregulación de los mercados financieros, siendo especialmente significativo lo acontecido en países como Estados Unidos o Reino Unido. Dicho proceso ha permitido la cuasilibre circulación de capital en las empresas y en todo el mundo, así como una flagrante falta de transparencia o de capacidad de regulación por parte de los organismos de control nacionales.

En este sentido, señalan Castells, Caraça y Cardoso (Después de la crisis: 26-27): “La titularización de todas las organizaciones, actividades o activos económicos convirtió la valoración financiera en la norma suprema para determinar el valor de empresas, gobiernos, divisas e incluso economías enteras. […]. Las nuevas tecnologías financieras hicieron posible la invención de numerosos productos financieros exóticos, como derivados, futuros, opciones y seguros titularizados, […] que se hicieron cada vez más complejos e intrincados, provocando, en última instancia, la virtualización del capital y la desaparición de cualquier atisbo de transparencia en los mercados”.

Asimismo, autores como David Harvey apuntan a que la limitación de las ganancias en la economía real ha favorecido el avance del proceso de “acumulación por desposesión” caracterizado, no por la acumulación de bienes y mercancías como en el pasado, sino esencialmente por la mercantilización y privatización de bienes y servicios antes cerrados al mercado. Este proceso ha supuesto, por ejemplo, un paulatino desmantelamiento de los servicios públicos de los Estados de bienestar occidentales (educación, sanidad, servicios sociales…), especialmente europeos, así como el intento de privatización de bienes comunes como el agua o las tierras. Del mismo modo, la acumulación también se explica gracias a la existencia de paraísos fiscales o de mecanismos que han llevado a los grandes poderes financieros a eludir responsabilidades fiscales.

En suma, la consolidación de este capitalismo financiarizado pone de relieve el hecho de que más que estar ante un cambio en las reglas de juego, lo que se ha modificado es el propio tablero en el que el conjunto de los actores globales desempeñan sus funciones y defienden sus intereses.