Población ocupada y clases sociales en España

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En 2010 había en España 1,8 millones de directivos y profesionales de nivel alto (clase 1), 2,6 millones de directivos y profesionales de nivel bajo (clase 2) y 2,4 millones de trabajadores en ocupaciones de cuello blanco de nivel alto (clase 3). Constituyen el grueso de las nuevas clases medias (profesionales y técnicas) y, en conjunto, representan un 37,4 por ciento de la población ocupada en España en esa fecha. Agrupan a las ocupaciones que exigen un mayor nivel de cualificación y, en el caso de los profesionales, se caracterizan por mantener una relación laboral de servicio a los empleadores (distinta a la relación contractual).

La clase de los empleados de cuello blanco de nivel alto (clase 3) está compuesta por los técnicos y profesionales de apoyo y por algunos empleados de tipo administrativo. En cuanto a su composición por sexo, mientras que entre los profesionales superiores los hombres superan a las mujeres en razón de 1,7 a 1, entre los trabajadores de cuello blanco de nivel alto las mujeres superan a los hombres en razón de 1,5 a 1; la composición de los profesionales de nivel bajo, en cambio, está muy equilibrada.

Lo que podríamos considerar ‘viejas clases medias’, compuestas por los pequeños empleadores y autónomos no profesionales (clases 4 y 5), incluyen a 2,1 millones de ocupados —de los que dos de cada diez desempeñan su ocupación en el sector agrario— y representan un 12 por ciento de la fuerza laboral. Se trata de unos estratos sociales fundamentalmente masculinos, en particular en la agricultura (4 hombres por cada mujer), a los que se puede identificar como la pequeña burguesía tradicional.

ESTRUCTURA DE CLASES DE LA POBLACIÓN OCUPADA EN ESPAÑA. 2010

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Fuente: Encuesta de Población Activa (Instituto Nacional de Estadística)

Los supervisores y técnicos de nivel inferior (clase 6) conforman un segmento muy pequeño de la estructura de clases —representan poco más de un 1 por ciento de la fuerza laboral— fuertemente masculino (6,5 hombres por cada mujer). Puesto que su relación laboral es, característicamente, la que estipula el contrato laboral típico y venden su trabajo a cambio de un salario, deberían encuadrarse entre las clases trabajadoras; pero como ejercen tareas de supervisión y control en su lugar de trabajo, se sitúan en una posición laboral peculiar de mediación entre los empleadores y los empleados que justifica su tratamiento separado del resto de los trabajadores. Al objeto de simplificar la clasificación, y debido a los pocos miembros que pertenecen a este estrato, se les suele unir a los empleados de cuello blanco de nivel alto para formar con ellos la clase de las ocupaciones intermedias.

En torno a 2,7 millones de trabajadores se ocupan en empleos de cuello blanco de nivel bajo (clase 7), es decir, en ocupaciones de baja cualificación y carácter rutinario en el comercio y otros servicios a los que se distingue de los trabajadores no cualificados (clase 9) por sus mejores condiciones contractuales —derivadas de que muchas veces el trabajo se realiza en grandes organizaciones públicas y privadas— y sus mejores perspectivas de promoción ocupacional. Representan un 15 por ciento de la fuerza laboral, con un tamaño muy parecido al de los profesionales de nivel inferior y al de los empleados de cuello blanco de nivel alto. Y, como los últimos, son un segmento social con una presencia muy destacada de las mujeres (1,5 mujeres por cada hombre).

Los trabajadores cualificados (clase 8) representan a uno de cada diez ocupados en España, suman casi 1,9 millones de personas y conforman los estratos superiores de la clase trabajadora tradicional. Muy vinculados al sector industrial y a la construcción, los integran ocupaciones como los trabajadores de acabado en la construcción, los soldadores, montadores y mecánicos. Son, definitivamente, la clase social con un mayor sesgo masculino, hasta el punto de que la componen 13 hombres por cada mujer (es decir, más del 90 por ciento de sus miembros son hombres).

Finalmente, en el fondo de la estructura de clases se encuentran los trabajadores no cualificados (clase 9). Son 4,5 millones de ocupados que constituyen, individualmente, la clase más numerosa de las nueve que distingue el esquema ESeC y que agrupan a casi la cuarta parte de la fuerza de trabajo española en 2010. Integrada esta clase por ocupaciones rutinarias que no exigen ninguna preparación específica, agrupa a los empleos de peor calidad en términos de salario, condiciones de trabajo, estabilidad laboral y perspectivas de promoción. Dado su gran tamaño reúne una amplia variedad de ocupaciones en todos los sectores, desde operadores de maquinaria y diferentes tipos de peones (en la agricultura, la minería y la industria) hasta empleos no cualificados en los servicios como limpiadores, vigilantes, conserjes y trabajadores del servicio doméstico. En esta clase los hombres predominan ligeramente sobre las mujeres (en razón de 1,2 a 1, ó 54 por ciento de hombres frente a 46 por ciento de mujeres), aunque es también verdad que los trabajos no cualificados representan una proporción relativamente mayor entre las mujeres que entre los hombres. Hay que señalar además que, dada la naturaleza de los empleos que constituyen esta clase, en su composición han adquirido un peso decisivo los inmigrantes llegados a España durante los primeros años del siglo.