Migración en España: la realidad en cifras

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En el año 2010, Naciones Unidas estimaba en 215 millones el número de personas desplazadas, de manera forzada o no, en el mundo; esto es, un 3,1% de toda la población mundial. Se estima que un 49% del total de los migrantes son mujeres, aunque la composición por sexo difiere en función de las áreas geográficas de destino: en los países desarrollados las migraciones se encuentran en mayor medida feminizadas (52,3% en Europa, por ejemplo), mientras que en los países en desarrollo (especialmente los asiáticos y africanos), la tendencia es la contraria, con un 54% de hombres. Existen en el mundo tres grandes regiones cuyo saldo migratorio neto es negativo (esto es, emiten más migrantes de los que reciben): se trata de Asia, África y el área Latinoamérica-Caribe (LAC). Al contrario (esto es, como regiones receptoras) encontramos Oceanía, Norteamérica y Europa.

Con respecto al peso porcentual de los migrantes internacionales en cada una de las mencionadas áreas geográficas, la mayor concentración se da en Oceanía, con un 16,8% del total de su población. Le siguen Norteamérica y Europa, con un 14,2% y un 9,5% respectivamente. Los pesos estimados para la población extranjera tanto en África como en Asia o en el área LAC, regiones que como vimos poseían un saldo migratorio neto negativo –esto es, resultaron ser emisoras de migrantes– son prácticamente inexistentes. En los casos de África y LAC la mayor parte de las migraciones se producen hacia Europa o Norteamérica. En el caso asiático, las migraciones se dan al interior del propio continente. Debe indicarse, además, que en América del Norte la representatividad de los migrantes es cada vez mayor, debido al aumento de población extranjera experimentado en los Estados Unidos de América (fundamentalmente mexicanos). En cuanto a la cuestión europea, debe tenerse en cuenta la importancia de los países del Sur de Europa, tradicionalmente emisores de emigrantes, que se han convertido ahora en receptores.
Las migraciones tienden a la concentración: en 2010, 29 países absorben al 75% de todos los desplazados del mundo. Los Estados Unidos de América encabezan el elenco, con un 20%. Por otra parte, entre el año 2000 y el 2010, nueve países han ganado más de un millón de inmigrantes: España, (4,6 millones) es el segundo país en incremento total de inmigrantes del decenio, después de los Estados Unidos de América (8 millones).
España, que en tiempos no muy lejanos fuera uno de los grandes emisores de emigrantes, se ha consolidado en el momento actual como un lugar de destino de inmigración. Los extranjeros empadronados en España, según los últimos datos suministrados por el padrón municipal, superan cinco millones setecientas mil personas, un 12% del total de la población, cuando hace una década apenas llegaban al millón y hace quince años sobrepasaban por poco el medio millón.
Sin embargo, la crisis económica (agudizada en España respecto a los países de nuestro entorno) ya ha comenzado a ocasionar modificaciones en el mercado de trabajo y, por ende, en el desenvolvimiento de la población inmigrante dentro de nuestro entorno. Así aparece este hecho reflejado en los estudios monográficos de Miguel Pajares (2008, 2009 y 2010) sobre el mercado de trabajo. En estos análisis se pone de manifiesto el progresivo decrecimiento en la ocupación de los trabajadores extranjeros (especialmente en la construcción, nicho laboral inmigrante por antonomasia), en el aumento de sus tasas de paro inmigrante (cercano al 30% en el 2010) y de la incipiente aparición del autoempleo como nicho refugio.
El deterioro en el empleo de segmento medio-bajo ha afectado de lleno también a un sector importante de la población española. Y aunque de momento no parece que se haya producido una sustitución de trabajadores españoles por extranjeros, sí se observa (según documentan Cea D`Ancona y Vallés en su estudio sobre la evolución del racismo y la xenofobia de 2009) un incremento en la percepción del inmigrante como competidor laboral. Por otra parte, está el hecho de que muchos inmigrantes poseen un bagaje académico y profesional muy superior a los trabajos que están desempeñando y que, previsiblemente, pretenderán rentabilizar –con desaceleración económica o sin ella– su formación a medida que se vaya reafirmando su proyecto migratorio. Un proyecto migratorio que se constata definitivo; baste observar la escasa incidencia que están teniendo los programas de retorno voluntario.
La crisis económica define en parte el contexto. Pero sólo en parte, porque esta inmigración, concentrada geográficamente, caracterizada  por la heterogeneidad de los diferentes colectivos (distintas nacionalidades, orígenes socioeducativos y económicos diversos), los grupos de edad que predominan (población joven en edad de trabajar, niños y jóvenes en el sistema educativo) y el virtual proyecto de permanencia (familias inmigrantes), ha venido a quedarse.
Los datos provisionales que publica el INE – Avance del Padrón Municipal a 1 de enero de 2011–, así lo confirman. El número de extranjeros empadronados se mantiene en 5.730.667 millones, representando el 12,2% de la población total. De éstos,  3.338.175 millones son ciudadanos de terceros países. Ha habido en relación con los datos correspondientes a 1 de enero de 2010, un decrecimiento de  17.067 extranjeros, observado en los extracomunitarios. Y este ligero decrecimiento necesariamente tiene que considerar las nacionalizaciones concedidas a lo largo del 2010, cuyos datos no podemos aportar por el momento.
Finalmente si consideramos los grupos de edad  más representados entre la población extranjera, encontramos que el grupo de 16 a 44 años suponen el 60,9% de los extranjeros. Solo con fines comparativos señalemos que el mismo grupo de edad supone el 39,2% de los españoles.  Las cifras y el perfil de la población inmigrante no avalan por tanto  las ideas vertidas sobre la partida de los inmigrantes ni la disminución significativa de entradas.
Estos datos y las características de esta inmigración enmarcan la necesaria interacción e integración de los inmigrantes en la sociedad de acogida, con crisis económica incluida.