Los jóvenes hoy: aprender a tomar decisiones en un contexto inédito

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La actual generación joven, la que en 2012 tiene entre 16 y 29 años, es la que tenía entre 12 y 26 años al inicio de la crisis y que ha nacido entre 1983 y 1996, lo que significa que ha sidosocializada de una manera muy estricta en el paradigma de “gran futuro” y en el modelo de estilo de vida ligado al mismo. Representan, por tanto, la esencia final de la “generación premeditada” y de los “hijos tesoro”, relacionada con una cierta parálisis para tomar sus propias decisiones, algo que de repente, y en un giro de 180 grados, los adultos les exigen, reclamando que reaccionen y espabilen.

Nos encontramos, por tanto, ante una paradoja inédita. De una parte, una generación dejóvenes, que está considerada como la mejor preparada de la historia de nuestro país, que dispone de herramientas y habilidades que las anteriores no tuvieron y que les permiten enfrentarse a las dificultades con más capacidad que aquellas generaciones que no dispusieron de ellas, pero a la vez, las instrucciones de uso que les venía proporcionando la sociedad (a través de las instituciones, las familias y los adultos) han desaparecido. Esto les obliga a analizar y a elegir, es decir, a decidir, sin ningún referente previo y en un entorno en el que no es sencillo orientarse y que se percibe como una maraña en la que no parece fácil determinar prioridades.

Para hacerlo, disponen de algunas capacidades y habilidades que pueden utilizarse como ventajas y de algunos inconvenientes que pueden actuar como dificultades. ¿Cuáles son sus ventajas? Pues, para una parte de los mismos, su buena formación académica, aunque pesa mucho la desigualdad. Además, aparece su actitud posibilista ante el mundo, su igualitarismo formal, su capacidad relacional, su alto nivel de digitalización y, de una manera muy significativa, un correcto nivel de civismo, aunque más teórico que práctico.

Un análisis formal nos diría que disponen de muchas herramientas, al menos más y mejores que otras generaciones españolas, pero, ¿para qué les sirven? La verdad es que ni nosotros ni ellos lo sabemos, porque la crisis económica también ha sido la crisis (posiblemente terminal) de un modelo social y político que definía una senda, una trayectoria y unas posibilidades para la vida que ya no van a volver.

Esto significa que estamos ante una fuerte constelación de incertidumbres, de dificultades y novedades, ante las que hay que tomar decisiones. Y ahí es donde aparecen los inconvenientes, centrados en la carencia de experiencia vital y laboral, en la falta de experiencia participativa autónoma y en la incapacidad para elegir y para tomar decisiones. El objetivo de la pasividad de las personas jóvenes ha sido el objetivo básico de la cultura española durante tres décadas. Ahora se supone que necesitamos que sean proactivas. ¿Es posible lograrlo?

No lo sabemos, pero se puede sospechar que tanto las ventajas como los inconvenientes citados no van a resultar decisivos en la actual coyuntura caracterizada por algo que podríamos denominar “inevitabilidad del afrontamiento”. Expresado en otros términos, las personas jóvenes no pueden evitar la situación y no pueden evitar darle una respuesta, aunque en algunos casos puede ser la inhibición. ¿Cuál puede ser esta respuesta? Cuando lo único que sabemos es qué capacidades y dificultades marcan sus posibles límites, ¿podemos adivinarla?

No nos atrevemos a proponer visiones en perspectiva frente a unas actitudes sociales que también están en crisis y en transformación. Aunque se puede señalar una variable decisiva: la generación de la transición ha ejercido a lo largo de toda la etapa de la democracia una estricta tutela (que ha propiciado una creciente disciplina) en las actitudes y la gestión de las oportunidades de las personas jóvenes. Los adultos (y las familias) eran los únicos que sabían y, desde este supuesto conocimiento, tomaban las decisiones que les parecían oportunas. Decisiones que en general han sido muy favorables, en términos de estilos de vida, para las personas jóvenes. ¿Seguirán siendo estos adultos los que decidan o tomarán sus propias decisiones las personas jóvenes? ¿Se situarán las personas jóvenes en la vía de esperar que escampe para tratar de recuperar el ritmo y las expectativas del pasado o se inventaran sendas alternativas?