La renovación institucional que hemos de decidir

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Quinta consideración: En conclusión, conviene impulsar un revulsivo real y creíble que no puede ser diseñado únicamente desde arriba y de espaldas a los ciudadanos. La vida democrática no es sino pacto o –como algunos han señalado– un equilibrio armónico de frustraciones mutuas.

Para asentar y legitimar una nueva arquitectura institucional de la responsabilidad que sea duradera conviene traspasar las fronteras partidistas y asumir los graves problemas desde el realismo crítico que ha de conducir a un amplio consenso social.

Razonar, llegar a compromisos sensatos y transaccionar es la práctica viviente que permite a la misma democracia tener continuidad, readaptarse y autopreservarse. Más que pensar la democracia en términos y metáforas del mundo físico-mecánico (construcción, ingeniería política…), quizás convendría ayudarnos de metáforas del mundo biológico, que tienen más sentido para abordar la actual complejidad (redes fluidas, mutación, metamorfosis…). Todos los indicadores y constataciones nos inducen al rebuilding o remozamiento de nuestro modelo de gobernanza. Pero éste no será posible si antes no lo concebimos como un entramado vivo que depende de la cooperación, la complementariedad y la calidad de las relaciones mutuas. De ahí la necesidad de un giro en las actitudes, en las maneras de hacer y en las formas de relacionarnos con los oponentes, que no enemigos. De ahí la necesidad de un cambio cultural que sea transversal e impregne nuevos estilos y lenguajes de política inclusiva y respetuosa en la que volver a confiar.

Ciertas proyecciones elevan hasta el 40% la tasa de pobreza en 2022 en caso de continuar bajo las políticas estrictas de austeridad marcadas desde Bruselas. Más grave será la situación si el actual Gobierno rebaja el volumen de gasto público hasta el 38% del PIB en un claro retroceso que nos situaría al nivel relativo de gasto de 1984. Si fuera así, se dejarían al descubierto múltiples necesidades sociales, educativas y asistenciales que nos pueden volver a colocar en el furgón de cola de la Europa social y avanzada. La ruptura del contrato social y el incremento de las desigualdades sociales no sólo socavan el modelo de cohesión social y erosionan los derechos de bienestar, sino que también debilitan la competitividad futura de la economía. Ni la democracia ni el mercado pueden aceptar tanta desigualdad. Los más acomodados y conservadores ante el cambio, ¿son conscientes de la gran fractura social que se abre a sus pies ante la cual no pueden ser indiferentes ni simplificarla o banalizarla? ¿Cuál es su compromiso ante los dilemas y encrucijadas que les plantea esta realidad tan crítica?

La renovación institucional y la creación de consensos implican una redistribución del poder y nuevos equilibrios pactados. Una redistribución más justa y eficiente. Una redistribución realista que tenga en cuenta el bien común como interés general. La inercia corporativista que acumula España a causa de su trayectoria de modernización tardía puede ser un gran obstáculo en este empeño. Una inercia con núcleos de intereses y privilegios que hoy están cuestionados, pero que mantienen su estancamiento y, lo que es peor, casi el impedimento de ser reformados.

No es extraño que determinadas reformas impuestas desde Bruselas consistan en eliminar ciertos residuos corporativistas que aún perviven. La supervisión externa los deja en evidencia y descubre muchas ineficiencias intocables que ahora se resuelven por dictado. ¿Seremos capaces de redistribuir el actual esquema de cuotas y relaciones de poder? ¿Sabemos ya cuántas cesiones, transacciones y frustraciones mutuas debemos priorizar? La sociedad española, ¿está madura para acometer tantos desafíos desde nuevos pactos y grandes consensos?

Hasta aquí la consideraciones y preguntas abiertas. Esperemos que esta modesta reflexión sirva para situarnos ante los difíciles dilemas que tenemos planteados. Los dos últimos gobiernos han evitado el temido rescate. Ahora es el momento de la ciudadanía reflexiva para que encauce el necesario diálogo reconstituyente que tanta falta hace. Confiemos en que la sociedad española sabrá afrontar con inteligencia y templanza los desafíos que tiene planteados. Acumula sobrada capacidad para hacerlo.