La movilidad social por cohortes de edad

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La movilidad intergeneracional mide la posición de clase en momentos diversos del curso vital, de tal manera que las cohortes más maduras han acumulado mayor tiempo de trayectoria para cambiar de posición frente a las cohortes más jóvenes, que tienen trayectorias mucho más cortas e incompletas.

Hecha esta salvedad, la tabla 3 permite contextualizar los diversos ciclos económicos e históricos recientes, a partir una encuesta del CIS que permite desagregar ocho cohortes de edad de nacidos entre 1942 y 1981, cubriendo un tiempo histórico de análisis de los últimos 39 años que van de 1967 a 2006. La cohorte 1 (nacidos entre 1942 y 1946), que alcanzó los 16 años entre 1958 y 1962, se ha socializado en plena posguerra y autarquía franquista y tan sólo el 22% logra niveles educativos más altos que la educación básica de entonces. Casi la mitad de sus miembros tiene un origen agrario y sólo un 11% procede de familias de clases medias I-II-III.

Las cohortes 1 y 2 son las primeras protagonistas del desarrollismo industrial franquista, a las que cabe añadir la tercera cohorte, que cumplió 16 años entre 1968 y 1972. No obstante, la cohorte 1 tiene la mayor tasa de inmovilidad (48%) de todas las edades.

Partimos, pues, de la cohorte 1, con una fuerte rigidez clasista y la menor tasa de ascenso social (un 26,4%, como recoge la tabla 4). Las siguientes cohortes han conocido una mayor tasa de ascenso y una menor de herencia, en un flujo constante y sin grandes sobresaltos.

La segunda cohorte (los nacidos entre 1947 y 1951) es la primera en rebajar de forma sustancial la herencia de clase, desde el 48% de su predecesora hasta el 36%, que se mantiene constante para el resto de cohortes de edad hasta la actualidad. Tanto la cohorte 2 como la cohorte 3 son las primeras en las que aumenta el logro educativo más allá de la educación básica y en las que son menos de origen agrario (30%) y más de clases medias (16%). Sus tasas de ascenso superan con creces a la cohorte 1 con un 38,6% y un 41,8%, respectivamente, protagonizando un mayor impacto de la crisis industrial y la posterior reconversión en el sector terciario de servicios respecto a la primera cohorte.

Las cohortes 4 y 5 siguen mejorando su nivel educativo frente a sus predecesoras, alcanzando ya casi un 20% los niveles universitarios en el tardofranquismo y la transición a la democracia. Una parte de su mayor retención escolar se debe a las dificultades de inserción laboral sufridas entre 1977 y 1986 con la crisis industrial, que llevó a ciertos autores y opinadores a extender el falso mito de la universidad como fábrica de parados. Sin embargo, estas cohortes son las que han experimentado el mayor ascenso social hasta 2006, que se sitúa en torno al 43% (tabla 4). Consiguen este hito aun manteniendo constantes unos niveles similares de inmovilidad, sea horizontal o por herencia, en relación con el resto de cohortes de edad.

La alta movilidad ascendente del 43% se mantiene constante para las siguientes cohortes 6 y 7, socializadas ya en plena democracia y con niveles universitarios en torno al 30%. Son las primeras cohortes integradas en la vida activa en un nuevo contexto posindustrial y de mercados laborales desregulados, una vez introducida la contratación temporal en la reforma de mediados de los años ochenta. Aunque empiezan a sufrir la precariedad laboral y la devaluación de ciertas titulaciones universitarias que siguen vigentes en la actualidad, también se han visto beneficiados por la extensión de los servicios y profesiones del Estado de bienestar, que se inicia a finales de los años ochenta, al igual que las cohortes 3, 4 y 5.

La cohorte 7 de nacidos entre 1972 y 1976 alcanza los 30-34 años en 2006, con una elevada tasa de ascenso social (43,7%) y la menor de descenso de clase (19,4%) tras superar la inicial contra-movilidad negativa que caracteriza la primera inserción juvenil. Para muchos sociólogos, la frontera de los 30 años es la edad mínima para capturar la movilidad social, puesto que la mayor parte de los sujetos ya han consolidado su enclasamiento. De aquí que la cohorte más joven de nacidos entre 1977 y 1981 (cohorte 8) presente un menor ascenso social y un mayor descenso, que puede haberse cronificado a causa de la crisis desatada en 2008, sin darles tiempo a consolidar su renta y posición de clase. Esperamos poder contrastar la situación de clase de la cohorte 8 en futuros estudios.

En una reciente investigación se ha comprobado que el 44% de los jóvenes que tenían entre 19 y 28 años en 2003 se habían empobrecido y habían descendido de renta en 2009, cuando cumplían entre 25 y 34 años. La bonanza del ladrillo y su implosión catastrófica en 2008 ha dualizado a esta cohorte de jóvenes, puesto que un 25% de sus miembros ha experimentado, por el contrario, un ascenso de renta en ese mismo período. En conjunto, se confirma un cambio regresivo de tendencia, que hace empeorar el enclasamiento de los más jóvenes, aún más agravado e incierto con la actual política de austeridad y recortes en plena recesión.

En suma, si excluimos a la cohorte 8, la pauta de movilidad social intergeneracional en España se ha mantenido muy constante y estable desde la cohorte 3 en adelante. Se partía de un ascenso social muy moderado de la cohorte 1 (26,4%), que se eleva en la cohorte 2 (38,6%) y que se ha perpetuado en las cohortes 3, 4, 5, 6 y 7 por encima del 40%. Es decir, en los últimos 25 años se ha mantenido un flujo estable de oportunidades de ascenso, una vez superadas las iniciales barreras a la movilidad sufridas especialmente por la primera cohorte.