La incidencia de la crisis sobre las condiciones de trabajo de las mujeres

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Los importantes avances en las tasas de participación laboral de las mujeres españolas han ido acompañados de logros mucho más discretos en lo que a condiciones de trabajo se refiere. Ya antes de la crisis, las mayores brechas se observaban en este ámbito: las mujeres ocupaban empleos más precarios, con mayores tasas de temporalidad, menos adecuados a sus niveles de cualificación (subempleo), con más tiempo parcial (en un alto porcentaje no deseado) y con brechas salariales difícilmente atribuibles en su totalidad a factores observables, es decir, debidas, en parte, a la discriminación por razón de sexo.

Pero, ¿cómo ha afectado la crisis a las condiciones de trabajo de las mujeres? ¿Ha provocado mayores desigualdades de género? El empeoramiento de las condiciones de trabajo como consecuencia de la crisis ha perjudicado en mayor medida a los hombres, lo que ha provocado una cierta reducción de las brechas de género en este campo.

Gráfico 7 – Evolución de los asalariados con contrato temporal por sexo. Porcentaje sobre el total del empleo asalariado. 2007-2012.

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Fuente: Elaboración Fundación Encuentro a partir de INE, Encuesta de población activa, varios números.

Dado que una buena parte del ajuste de las plantillas se ha realizado sobre las personas con un contrato de trabajo de duración determinada, la temporalidad se ha reducido significativamente entre 2007 y 2012, tanto en el caso de los hombres como en el de las mujeres (del 32,7% al 24,1% en el caso del empleo femenino) y se ha estrechado también ligeramente el diferencial por sexo (gráfico 7).

En relación con la jornada a tiempo parcial, ésta ha aumentado en el período de crisis, tanto en el empleo masculino como en el femenino, pero sigue siendo aún muy superior en el caso de las mujeres (gráfico 8).

Este porcentaje más alto de mujeres con un empleo a tiempo parcial refleja, por un lado, su mayor dificultad a la hora de compatibilizar el empleo remunerado con los trabajos reproductivos y de cuidados pero, sobre todo, la imposibilidad de encontrar un trabajo a tiempo completo. Según los datos de la EPA del cuarto trimestre de 2012, un 20,3% de las mujeres ocupadas a tiempo parcial han optado por este tipo de jornada para poder compatibilizarla con el cuidado de menores o de persona adultas enfermas, incapacitadas o mayores u otras obligaciones familiares o personales frente a tan sólo el 2,4% de los hombres. Sin embargo, este tipo de jornada no es deseada por la mayoría de las personas que la tienen: un 58% de las mujeres y un 64,7% de los hombres declaran que el motivo por el cual tienen un trabajo a tiempo parcial es no haber podido encontrar un empleo a jornada completa.

Gráfico 8 – Evolución de los empleados con jornada a tiempo parcial por sexo. Porcentaje sobre el total del empleo. 2007-2012

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Fuente: Elaboración Fundación Encuentro a partir de INE, Encuesta de población activa, varios números.

Es importante señalar que el empleo a tiempo parcial tiene una serie de consecuencias negativas sobre la vida laboral de las personas con ese tipo de contrato. Según la Organización Internacional del Trabajo, las personas que trabajan a tiempo parcial se ven desfavorecidas a menudo con respecto a aquellas que ocupan un empleo equivalente a tiempo completo, debido especialmente a: un salario inferior por hora, la carencia de algunas prestaciones sociales, la limitación de las perspectivas de carrera, etc. Por tanto, la sobrerrepresentación de las mujeres en empleos a tiempo parcial tiene una lectura negativa desde el punto de vista de la igualdad y la equidad.

Por otro lado, el subempleo, es decir, el hecho de ocupar un puesto de trabajo con un nivel de cualificación inferior al que el trabajador o la trabajadora posee, ha aumentado significativamente durante la crisis, pero lo ha hecho en mayor medida en el caso de las mujeres. Aunque entre los hombres se ha duplicado en todas las ramas de actividad, salvo en la agricultura, las diferencias por sexo han crecido (gráfico 9).

Gráfico 9 – Evolución del subempleo por sexo y sector económico. En porcentaje. 2008-2012

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Fuente: Elaboración Fundación Encuentro a partir de INE, Encuesta de población activa, varios números.

Por último, la brecha salarial también ha disminuido durante la crisis debido a un crecimiento ligeramente superior de los salarios del empleo femenino. Este hecho puede deberse tanto a la mayor ganancia de cualificación de las mujeres ocupadas como a la concentración de la destrucción de empleo masculino en ocupaciones con salarios por encima de la media, como ha sido el caso de la industria y la construcción. No obstante, la brecha salarial sigue siendo superior al 20%. Como se observa en el gráfico 10, aunque se produce una notable disminución en el año en el que comienza la crisis (2008), descendiendo 3,7 puntos respecto al año anterior, a partir de entonces se observa un ligero repunte de las diferencias salariales, lo que podría indicar un retroceso en este ámbito a corto plazo.

En resumen, la crisis ha deteriorado enormemente las condiciones de empleo de hombres y mujeres, especialmente en relación con las situaciones de subempleo. Sin embargo, la ubicación sectorial de las mujeres y sus mayores niveles de cualificación les han situado en posiciones menos vulnerables que las de los hombres, lo que ha provocado que se reduzcan las brechas de desigualdad en este campo. No obstante, estas brechas siguen siendo aún notables y desfavorables a las mujeres en todos los indicadores relacionados con las condiciones de trabajo.

Gráfico 10 – Evolución de la brecha salarial. Diferencia porcentual entre el salario medio de los hombres y de las mujeres. 2004-2010

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Fuente: Elaboración Fundación Encuentro a partir de INE, Encuesta Anual de Estructura Salarial, varios años.