La clase trabajadora tradicional, la más afectada por la crisis

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Photo credit: Codelco / Foter / CC BY-NC-ND

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¿En qué medida la crisis ha afectado diferencialmente a las clases sociales? La renta disponible ha disminuido sobre todo en los grupos sociales correspondientes a obreros y en los trabajos no manuales no cualificados. Los menos afectados por el descenso de renta son los hogares con miembros empresarios y las clases más altas. Además, se ha de tener en cuenta la subida de la carga fiscal, principalmente a través del IRPF y del IVA y el aumento de los costes relacionados con la educación, la sanidad y otro tipo de servicios sociales que también han detraído renta al tener que dedicarse a gastos no contemplados anteriormente.

Los datos de estudios e informes específicos realizados por otras instituciones permiten completar el panorama que ofrecen las cifras agregadas y confirmar esta tendencia (tabla 6).

Capitulo-1-Tabla-6-ClaseMedia

 

El grupo de obreros no cualificados es el que ha sufrido una mayor pérdida de renta (–18,1%). Los trabajadores no manuales no cualificados y los obreros cualificados han sufrido una merma en torno al 15%. El grupo social más afectado por la crisis es el de la clase trabajadora tradicional, que había conseguido unas condiciones materiales de vida dignas mediante un salario suficiente y las aportaciones de los sistemas de educación, salud y dependencia. Además, podía tener la expectativa de que sus hijos, aun con diferentes oportunidades reales, pudiesen tener un ascenso social a través de mecanismos como la formación superior, con un coste asequible, que les permitiese una cualificación de la que sus ascendientes no disfrutaban. La realidad es que la renta ha disminuido significativamente y que los mecanismos correctores e igualatorios se han recortado. Las clases medias se han visto menguadas, debilitadas y empobrecidas, pero no son la única víctima, ni siquiera la que ha sufrido un mayor impacto en sus condiciones de vida. Esta crisis ha pauperizado a la clase obrera y debilitado sensiblemente a las clases medias.

Se puede hacer un acercamiento a los efectos de la crisis desde la perspectiva del ingreso y un enfoque sociológico basado en la ocupación. El primero muestra que existe un empobrecimiento de las capas medias y bajas y un aumento de la pobreza, sobre todo la severa. En cuanto a la ocupación, y a partir de un análisis sociológico de clase social, los datos muestran que la peor parte de la crisis la están padeciendo los trabajadores no cualificados, los obreros y los profesionales de nivel medio y bajo. Los profesionales cualificados y los directivos resisten mejor sus envites. La clase social influye en el comportamiento de las personas ante la crisis, sus condiciones de vida y su capacidad para afrontarla. Existen condiciones distintas en función de variables que tienen que ver con la posición de la persona: su cualificación, la propiedad de medios de producción, la actividad que desempeña o la posición jerárquica. La posición socioeconómica que ocupa la persona ha posibilitado mejorar ese tipo de condiciones como, por ejemplo, los niveles de cualificación o el desempeño de un trabajo manual. En este sentido, los mecanismos que favorecen la equidad en la educación y la formación son claves. Se puede suponer que los recortes en materia educativa, el encarecimiento de las tasas universitarias y de los estudios superiores dificultarán el acceso a la formación superior de las personas de menor renta y, como consecuencia, a mayores niveles de cualificación y a la posibilidad de acceder a trabajos de cuello blanco.

Se prevé un escenario en el que se acrecentarán estas dos tendencias: el empobrecimiento de las clases medias y bajas y las difíciles relaciones entre clases con la caída del poder adquisitivo y las condiciones de vida de las capas que no puedan acceder a una cualificación profesional y académica.

Es cierto que a lo largo de la transición se adoptaron políticas y medidas que permitían una situación de mayor equidad y mejoraron las condiciones de vida de grandes capas sociales, tanto de las clases trabajadoras de cuello azul como de las clases medias heredadas del franquismo que crecieron, con todas las posibles críticas que se puedan hacer al proceso. Se pueden discutir que los motivos fuesen una mayor presencia de los valores de justicia social en el Gobierno del país o que simplemente la existencia de las clases medias y un mayor poder adquisitivo de la clase obrera eran necesarios en ese momento de expansión económica y de necesidad de estabilidad política y social. La realidad social y económica de grandes capas sociales mejoró y cambió. Se consolidó una expectativa de justicia social, de condiciones de vida acordes con la dignidad humana y de participación en el sujeto político colectivo, independientemente de la clase social a la que se perteneciera. El ideal de la ciudadanía social en el que se basan nuestras sociedades es que todos podamos ser titulares de todos los derechos y podamos ejercerlos en igualdad.

En esta crisis aparece un nuevo modelo en el que ese bienestar colectivo y la idea de protección social están en cuestión. Además, la relación de la clase media y de la trabajadora con las élites y las nuevas clases aparecidas en el proceso de globalización (corporativa, profesional global, etc.) está reconfigurándose y modificando los objetivos del consenso social en una nueva etapa del conflicto existente entre clases, de modo que exista una transferencia de renta y riqueza hacia las élites, la clase corporativa y los grupos que le dan servicio técnico e ideológico en aras de dar respuesta a las necesidades del sistema global en que vivimos. No es un proceso único en España. En Europa se tiende a una precarización de las condiciones laborales, con sus consecuencias sociales y económicas, ante la demanda de sectores ideológicos concretos de mayor flexibilidad y recorte de derechos aparentemente necesarios para la flexibilidad, la competitividad, la productividad y la creación de empleo.

Además, hay que preguntarse si el empobrecimiento producido por la crisis es pasajero y con la mejora de las condiciones económicas volverá a los niveles salariales anteriores. La Escuela de Negocios EADA y la Consultora ICSA han publicado un estudio basado en 80.000 encuestas a empleados por cuenta ajena (gráfico 3). Este informe revela que el salario medio de los directivos no ha parado de subir: en 2007 era de 68.705 euros brutos anuales, ascendiendo hasta los 80.330 en 2013. Sin embargo, el de los empleados y mandos experimentaron una subida en 2008 y 2009 para bajar a partir de entonces. En el período 2007-2013, las retribuciones de los directivos aumentaron un 9,2%, las de los mandos intermedios cayeron un –4,8% y las del grueso de los empleados un –6,3%. La prensa calificó estos datos como una constatación más de la disolución de la clase media.

Gráfico 3 – Evolución de los salarios brutos por categorías. En euros anuales. 2007-2013

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Fuente: EADA-Grupo ICSA, Evolución salarial 2007-2013, 7ª ed. Informe de remuneraciones.

La evolución de la remuneración del estudio de EADA-ICSA muestra que el mayor aumento se produce en 2013, justo el año en que disminuye más el salario de los mandos intermedios y en el que empieza a tocar suelo la caída del PIB. El deterioro económico lo sufren más las clases medias y las trabajadoras, mientras que la mejora de la economía no repercute en ellas, sino en un incremento salarial de los directivos.

Es interesante ver el desglose por sectores de estos datos, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los que mejor se está comportando es el del turismo. Sin embargo, llama la atención que, en el grupo de los empleados, los que más caída salarial han sufrido y son los peor pagados sean los del comercio y turismo. Los datos apuntan a que se está consolidando un modelo de retribución que favorece más a determinados grupos y que disminuye la remuneración que ofrece a ciertas posiciones jerárquicas en la empresa que ocupan las categorías media y baja, aumentando la brecha salarial, lo que polariza la distribución de la renta. Mientras el deterioro económico ha afectado a trabajadores no cualificados, manuales y obreros, la mejora está beneficiando a directivos y clases medias-altas.