El paro de larga duración y la incidencia del desempleo en las familias

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Una de las conclusiones más habituales en los análisis sobre el desempleo es que conforme aumenta el período en paro, disminuyen las posibilidades de vuelta a la ocupación. Con el paso del tiempo, el capital humano acumulado, ya sea formal o informalmente, se pierde y la reinserción se complica. De ahí que entre las recomendaciones de política laboral se incluyan medidas para evitar el paro de larga duración y se fomente la participación en políticas activas durante los primeros meses de paro de forma que se vuelva al empleo antes de que trascurra un año.

El desempleo de larga duración en España se situaba entre los más altos de la Unión Europea. Como se puede apreciar en el gráfico 12, entre 1987 y 1997, el porcentaje de personas que llevaban más de un año en situación de desempleo se situaba por encima del 50%, siendo superior para las mujeres que para los hombres. La expansión iniciada en los años noventa redujo este porcentaje, que alcanzó su mínimo en 2008 (21%), y también la brecha entre hombres y mujeres.

Gráfico 12 – Evolución de los parados que llevan un año o más en situación de desempleo por sexo. En porcentaje. 1987-2011

C1-G12

Fuente: Elaboración Fundación Encuentro a partir de INEEncuesta de Población Activa, varios números.

El brusco aumento del desempleo ha dado lugar también a un incremento del paro de larga duración, de forma en el segundo trimestre de 2011 el porcentaje de personas con más de un año de antigüedad en el desempleo ascendía al 47,8%. Al igual que ocurre con el desempleo, también en el paro de larga duración se ha eliminado la tradicional mayor incidencia femenina.

El desempleo es una situación preocupante a nivel individual pero también lo es, incluso más, desde una perspectiva familiar. La posición que ocupa en la familia cada persona es una variable clave, puesto que la probabilidad de estar empleado de cada miembro de la familia depende de esa posición. Los maridos son los que tienen mayor índice de ocupabilidad, en el extremo opuesto se encuentran los hijos que estudian y en las posiciones intermedias las esposas y los hijos que no estudian. Como consecuencia, el efecto del desempleo sobre la unidad familiar será distinto en función de qué posición ocupe la persona parada.

La mayor intensidad de la crisis actual, respecto a la experimentada en 1990-1994, también se ve reflejada en el rápido crecimiento de la tasa de paro de las personas de referencia en el hogar (gráfico 13). El máximo se alcanzó en 1994, con más de un 13%, pero cayó durante la etapa de expansión hasta situarse ligeramente por encima del 5%. Sin embargo, en apenas tres años ha aumentado intensamente hasta superar el 15%. También en este indicador la habitual brecha entre hombres y mujeres se ha cerrado prácticamente.

Gráfico 13 – Evolución de la tasa de paro de la persona de referencia del hogar por sexo. 1987-2011

C1-G13

Fuente: Elaboración Fundación Encuentro a partir de INE, Encuesta de Población Activa, varios números.

Otra de las consecuencias más negativas del desempleo es el incremento del número de hogares en los que todas las personas activas se encuentran en paro. Como se puede observar en la tabla 6, el porcentaje de hogares en esta situación en el último trimestre de 2007 no llegaba al 4%, pero en el segundo trimestre de 2011 superaba el 10,5%. De la misma forma, la proporción de hogares en los que todos los activos están ocupados se ha reducido en casi 16 puntos porcentuales.

Tabla 6 – Evolución de la incidencia del paro en viviendas familiares con al menos un activo por proporción de parados. En porcentaje. 2007-2011

Todos los activos son parados
Al menos la mitad de los activos son parados
Todos los activos son ocupados
2007TIV
3,56
10,50
86,23
2011TII
10,53
25,15
70,52

Fuente: Elaboración Fundación Encuentro a partir de INE, Encuesta de Población Activa, varios números.

En los hogares en los que no hay ningún ocupado, no se percibía ningún ingreso en un 9,6% de los casos en el segundo trimestre de 2011. Sin duda, el sistema de prestaciones por desempleo y los programas temporales de protección por desempleo han contribuido a mejorar situaciones que con otro escenario serían de necesidad. Aunque este porcentaje no se puede calificar como elevado, la duración de la crisis probablemente contribuya a aumentar el número de hogares sin ingresos, puesto que el trabajo es la principal fuente de renta de las familias.