Crisis económica, estado de bienestar y sistema sanitario

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Capítulo 8-Sanidad

Los sistemas sanitarios públicos y las demás prestaciones del Estado de bienestar dependen de los ingresos tributarios, que a su vez evolucionan con la economía. Cuando sobreviene una crisis económico-financiera como la que comenzó en Europa en 2008, se estanca la actividad económica, aumenta el desempleo, disminuye la recaudación fiscal, los déficits presupuestarios se disparan y el efecto negativo es inmediato sobre sanidad, educación, pensiones y ayudas sociales.

El SNS ha sufrido recortes de recursos bruscos después de una década de fuertes aumentos y que los ha absorbido con aumentos de productividad pero sin reformas. Está muy agobiado y no puede atender la nueva demanda, pero los objetivos del Pacto de Estabilidad del Reino de España no permiten una recuperación presupuestaria en el próximo trienio. Además, compite en conseguir recursos con otras parcelas del Estado de bienestar como educación, asistencia social y pensiones.

Para mejorar esa perspectiva debe ofrecer a las autoridades financieras españolas y europeas un programa de reformas creíble, aunque hay fuerzas empeñadas desde hace tiempo en impedir los cambios y escasa voluntad de aplicarlos en los partidos  políticos.

Es probable que los cambios sean inducidos por las autoridades de la UE, si el cumplimiento de los objetivos de déficit público lo exigen. Mucho mejor sería que se intentase una nueva política sanitaria articulada, realista y bien explicada,  basada en un documento de Estrategia Nacional de Salud que indujera reformas graduales y continuas y les diera sentido.

Teniendo en cuenta el panorama político español y la experiencia en las comunidades autónomas en el campo sanitario, hay razones para ser razonablemente pesimistas sobre la voluntad de cambio. Sin embargo, la forma en que el SNS ha resistido los recortes y la existencia de fuerzas internas de carácter profesional que la han hecho posible, así como la pujanza del sector privado como parte del sistema, permiten ser también razonablemente optimistas sobre el futuro de nuestra sanidad.